El lema de la Federación Médica Colombiana resume su Misión:  "Velamos por la profesión médica, por su ejercicio ético y por la salud de los colombianos", con lo cual nos comprometemos y obligamos a estar atentos y opinar sobre lo que afecte ese propósito.

Es por eso que hemos participado activamente en la construcción de políticas públicas y nos hemos pronunciado sobre temas que afecten la profesión médica y demás áreas del conocimiento en salud, así como la salud de los colombianos. De ahí nuestra postura ante decisiones gubernamentales tales como la liberación de los precios de medicamentos, las patentes, el TLC, la eutanasia, el aborto y la ley 100, para mencionar unas cuantas.

Y en lo tocante a la ley 100 de 1993, uno de los aspectos que hemos criticado específicamente, además de la ley en general, es el de la integración vertical, la cual no es otra cosa que la expresión de la constitución de oligopolios dentro del mercado de servicios médicos. Pero mas grave aún es cuando esa integración traspasa el campo de la salud e invade el de la educación.

Un grupo que tiene EPS, Medicina prepagada, IPS (hospitales o clínicas, consultorios y directorios médicos cerrados) y farmacias, genera privilegios para sí en el mercado de la atención médica, puesto que sus afiliados son atendidos por su propia EPS o por su empresa de medicina prepagada en sus clínicas y consultorios por sus profesionales y reciben los
medicamentos de sus farmacias. Esa forma de organización es lo que se llama integración vertical. En este esquema no ocurre la libre escogencia y, a partir de ahí, las condiciones de mercado dejan de ser equitativas.

Cuando en ese proceso de integración vertical se transita desde el área de la salud al campo de la educación y la formación médica, estamos hablando de palabras mayores. Se ha demostrado ampliamente que el SGSSS restringe la autonomía profesional al supeditarla a las necesidades del capital financiero y al ánimo de lucro, soportes y ejes del aseguramiento privado. Por eso ahora priman sobre las decisiones médicas los criterios administrativos de eficiencia y de rentabilidad económica, garantes de tal fin, en detrimento de la autonomía profesional y, por lo tanto, del conocimiento médico.

Los grupos financieros tienen por objeto su expansión y una de las formas de lograrlo es incursionando en campos como la investigación y la educación. Para ello crean estructuras diversas como institutos y fundaciones con el fin de avanzar en pos de sus objetivos, uno de los cuales es ganar posiciones en el mercado de sus productos y servicios. Cada estructura que hace parte del grupo financiero es administrativa y jurídicamente independiente y cada una cumple su función específica. Así, como lo dije antes, existen grupos financieros que poseen EPS, ARS, IPS, droguerías y directorios médicos cerrados, y ahora hay escuelas de medicina y otras disciplinas de la salud que hacen parte de alguno o algunos de esos grupos.

Esta situación, articulada a la política general de también marchitamiento de lo público en el terreno educativo al recortar el presupuesto de las universidades públicas y condicionar su existencia a su rentabilidad monetaria, plantea un propósito oculto pero preciso: sacarlas del mercado y allanar el terreno a lo privado. En el campo de la salud ya ocurrió así con las instituciones públicas como el Seguro Social, las cajas de previsión y la red pública de hospitales, cuyo ejemplo mas reciente y dramático es el Instituto Materno Infantil, para mencionar uno solo.

Una de las funciones de la universidad pública es ofrecer oportunidades de educación superior a sectores poblacionales poco favorecidos económicamente. Al sacar del escenario al sector público, sólo accederán a ese tipo de educación los sectores económicamente pudientes y los pocos becados, en las universidades privadas que otorguen ese beneficio para mostrar una imagen de responsabilidad social empresarial.

Necesariamente, en la formación de los futuros profesionales se impartirán criterios y enseñanzas acordes con el funcionamiento del SGSSS y se diseñarán, como ya los hay, programas para la administración y optimización del mismo. Es decir, existe un sesgo educativo en función del sistema. Los criterios que hoy se han impuesto en la actividad práctica desprofesionalizada serán elementos a tratar en la educación de quienes se forman en las disciplinas de la salud. Criterios usuales expresados en el lenguaje común de los aseguradores como rentabilidad financiera, facturación, contención de costos, eficiencia y descreme.

Al momento, quienes miran las cosas con una perspectiva inmediatista, creen que la situación se remite exclusivamente a querer formar médicos propios para sus instituciones propias lo cual, si bien, es cierto, no es lo fundamental. Lo fundamental es que se están formando médicos y enfermeras que hoy piensan que es imposible un sistema de salud diferente al existente. Que las cosas tienen que ser como están. Que el mundo es globalizado.

Es decir, se está reforzando desde lo educativo una conciencia colectiva entre los profesionales, ejecutores y formadores, que lleva al inmovilismo y a la aceptación de la limitación de creación y desarrollo del conocimiento y, con ello, de la dependencia tecnológica en materia médica; de la globalización, que no es otra cosa que la expansión de poderosos negocios comerciales y financieros de los países mas desarrollados del planeta en busca de nuevos y rentables mercados. A aceptar la inequidad social sacralizada en el SGSSS mediante su estructura de atención diferenciada de acuerdo con la capacidad de compra de las gentes.

Por todo eso, a la Federación Médica Colombiana le cuesta mucho trabajo creer que un grupo que tiene un nombre genérico propio y se lo da como apellido a otras estructuras, no tenga nada que ver con ellas. Sería como el padre que niega a sus hijos y los hijos que niegan a su padre... pero ahí están y se mueven.

Sergio Isaza
Presidente
Federación Médica Colombiana